Déficit de vitamina A: ¿Cuáles son las consecuencias?

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La vitamina A constituye uno de los nutrientes más importantes para el organismo, ya que ejerce diferentes funciones en él; desde el mantenimiento de una buena visión hasta el fortalecimiento del sistema inmunológico. Según la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) la cual es una agencia que va de la mano con la OMS, estima que en la actualidad aproximadamente entre 250.000 y 500.000 niños al año tienen trastornos visuales (entre ellos la ceguera); debido a una deficiencia de vitamina A; siendo los más perjudicados los infantes menores de 5 años.

Es por ello que la UNICEF considera de suma importancia abordar temas relacionados a la deficiencia de la vitamina A y como lograr una buena y adecuada ingesta para prevenir la mortalidad infantil causado por este déficit.

¿Qué es la vitamina A?

Es uno de los compuestos orgánicos nutricionales insaturados que incluyen ácido retinoico y varios carotenoides (especialmente el beta-caroteno) los cuales ayudan a mantener una buena visión y cuidado de la piel, se considera una provitamina porque nuestro cuerpo no la produce por lo que necesita ser consumida para que nuestro organismo la metabolize y de esta manera obtener sus nutrientes.

¿Cuáles son las funciones de la vitamina A en el organismo?

La vitamina A desempeña un papel en una variedad de funciones en todo el cuerpo, tales como:

1. Visión:

El papel de la vitamina A en el ciclo visual está específicamente relacionado con el mantenimiento de la retina, la cual nos permite una buena visión dentro del ojo esta se une a la proteína “opsina” para formar los bastones (tienen una proteína llamada rodopsina que ayudan a permitir una buena visión cuando se tiene poca luminisidad) y los conos (tienen una proteína llamada lodopsina que ayudan a la percepción de los colores).

2. Transcripción genética o génica:

La vitamina A permite el primer paso de la transcripción genética la cual permite transformar la información codificada por los ácidos nucleicos (ADN Y ARN) en las proteínas necesarias para su desarrollo, funcionamiento y reproducción con otros organismos. La expresión génica es clave para la creación de un fenotipo de una persona, es decir, sus rasgos físicos como la forma del rostro, la nariz, las orejas etc.

3. Sistema inmunológico:

La vitamina A promueve la proliferación de células T a través de un mecanismo indirecto que involucra un aumento en la interleuquina 2 (células que intervienen en los procesos inflamatorios).​ Además es importante para la correcta regulación de la latencia de las células madre hematopoyéticas (son importantes para la producción de todas las células sanguíneas, incluidas las células inmunes, y son capaces de reponer estas células durante la vida de un individuo).

4. En la piel:

La vitamina A, y más específicamente, el ácido retinoico, parece mantener la salud normal de la piel al activar los genes y diferenciar los queratinocitos (células de la piel inmaduras) en células epidérmicas maduras. Para el tratamiento del acné, el fármaco retinoide más prescrito es el ácido retinoico 13-cis (isotretinoina); esta reduce el tamaño y la secreción de las glándulas sebáceas. Además la isotretinoína reduce el número de bacterias tanto en los conductos como en la superficie de la piel. Se cree que esto es el resultado de la reducción del sebo, una fuente de nutrientes para las bacterias.

¿Cuáles son las consecuencias de una deficiencia de vitamina A?

La deficiencia de vitamina A puede ocurrir como una deficiencia primaria o secundaria:

Una deficiencia primaria de vitamina A: Ocurre entre los niños y adultos que no consumen una ingesta adecuada de carotenoides de frutas y verduras o vitamina A preformada de productos animales y lácteos. El destete temprano de la leche materna también puede aumentar el riesgo de un déficit de la misma.

La deficiencia secundaria de vitamina A: Se asocia con una malabsorción crónica de lípidos, un deterioro en la producción y liberación de bilis y una exposición crónica a oxidantes, como el humo del cigarrillo y el alcoholismo crónico. La vitamina A es una vitamina soluble en grasa y depende de la solubilización micelar para la dispersión en el intestino delgado, lo que resulta en un mal uso de la vitamina A en las dietas bajas en grasas.

Entre las consecuencias más importantes tenemos:

1. Problemas en la visión:

La defi­cien­cia seve­ra de vitami­na A cau­sa ce­gue­ra noc­tur­na, es de­cir, las perso­nas no ven bien de noche. La deficiencia progresiva de vitamina A conduce a la pérdi­da par­cial de la vis­ta, sobretodo en niños pequeños. Las partes más afecta­das del mun­do son el sur y el este de Asia, algunos paí­ses de África y Lati­noaméri­ca. El estado más seve­ro ocu­rre cuan­do se da una pérdida total de la vis­ta.

2. Piel y otros te­ji­dos:

La defi­cien­cia de vitami­na A puede produ­cir rese­que­dad en la piel; los la­bios pue­den agrie­tarse y sangrar, hay pérdi­da de cabello y las uñas se ha­cen que­bradri­zas. Una defi­cien­cia severa puede generar proble­mas respirato­rios, gastrointestina­les y de las vías urina­rias. La vitami­na A ayu­da a mante­ner saluda­ble los teji­dos de la bo­ca, estómago, intesti­nos, pulmones, veji­ga, vagi­na y úte­ro.

3. Infecciones:

La vitami­na A jue­ga un pa­pel im­portan­te en la lu­cha con­tra las in­feccio­nes. Contribuye a preve­nir la inva­sión de bacte­rias y vi­rus al organis­mo. Se ha vis­to que los ni­ños que tie­nen una deficiencia le­ve de es­ta vitami­na, desarro­llan enfermedades respirato­rias y dia­rrea de dos a tres ve­ces más que los jóvenes con nive­les norma­les de es­ta vitami­na.

¿Donde podemos conseguir la vitamina A?

La Vi­ta­mi­na A se en­cuen­tra en los ali­men­tos en dos for­mas:

Una ac­ti­va lla­ma­da re­ti­nol: la cual se consigue en los productos de origen animal; en­tre ellos es­tán: el hí­ga­do, la le­che ín­te­gra, el que­so, la man­te­qui­lla y los hue­vos.

Una inactiva que viene en forma de ca­ro­te­nos o be­ta­ca­ro­te­nos: Estas incluyen las frutas anaranjadas y ve­ge­ta­les ver­des oscuros. Se pue­de de­cir que, cuan­to más in­ten­so sea el co­lor ma­yor can­ti­dad de vi­ta­mi­na con­tie­nen. Algunos de ellos son las es­pi­nacas y las ho­jas de re­mo­la­cha, bró­coli, za­na­ho­ria, ayo­te sa­zón, pe­ji­ba­ye, ca­mo­te y fru­tas anaranjadas co­mo el me­lón, la man­ga y la ca­ram­bo­la. Son ex­cep­ción la le­chu­ga, el ba­na­no, el li­món dul­ce, la na­ran­ja y la piña.

 

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