La teoría del espejo: nuestras relaciones son el reflejo de nosotros mismos

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En nuestro día a día nos relacionamos con muchas personas, pero de entre toda esta gran cantidad de personas, seleccionamos a un determinado grupo con el cual congeniamos, lo mismo ocurre cuando elegimos a la persona con la cual formamos pareja.

Sin embargo, esa conexión, de repente desaparece e incluso se transforma en rechazo cuando detectamos características del otro que nos parecen totalmente desagradables y no entendemos por qué en un momento nos sentimos tan atraídos hacia ellos.

Éste suceso se explica a través de la teoría del espejo del psicoanalista Jacques Lacan, quien nos dice que nos acercamos a aquellas personas que poseen características similares a las nuestras, siendo buenas o malas, es decir nuestras relaciones son el reflejo de nosotros mismos . Cuando nuestras relaciones nos muestran aspectos que rechazamos de nosotros mismos, nos alejamos rápidamente.

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La teoría del espejo

Jacques Lacan basa su teoría en las primeras fases de nuestro desarrollo. En la niñez, durante el período comprendido entre los seis a dieciocho meses, nos encontramos en la construcción de nuestro yo, es decir de nuestra identidad. De pequeños, cuando nos vemos en un espejo, experimentamos placer, alegría y satisfacción al poder vernos reflejados a nosotros mismos, lo cual nos lleva a vernos en el espejo constantemente.

Algo similar ocurre cuando “enganchamos” con alguien. Nos acercamos y conectamos rápidamente con aquellas personas que comparten las mismas características que nosotros, sentir que existen más personas con las cuáles identificarnos a nosotros mismos resulta realmente agradable.

¿Por qué me atrajo tanto algo tan diferente a mí?

Entonces, si nos conectamos rápidamente a personas que tienen características similares a las nuestras, qué ocurre cuando nos sentimos poderosamente atraídos a personas que luego de un tiempo descubrimos que son totalmente diferentes a nosotros y que incluso tienen características que rechazamos y que nos parecen totalmente inaceptables.

Jacques Lacan indica que, como cuando pasaría cuando nos miramos en un espejo, al observarnos también vemos parte de nuestro aspecto que no nos gusta o rechazamos.

Cuando enganchamos con alguien que parece tan distinto a nosotros en realidad estamos frente a aquella parte que rechazamos de nosotros, pero que, por más que rechacemos, es parte de nosotros. Aquello que no nos gusta de los otros, es aquello que nos desagrada de nosotros mismos.

Cuando las heridas nos conectan

Cuando ocultamos nuestras heridas y no nos damos el tiempo o le dedicamos el cuidado que merecen, estas quedan pendientes de resolver y salen a la superficie en determinado momento.

Es así que, por ejemplo, podemos conectarnos inmediatamente con una persona, no por las similitudes, si no por las heridas que compartimos. De esta manera podemos unirnos por ejemplo, con una persona que también ha tenido malas experiencias en el amor.

Cuando esto ocurre podemos estar frente a dos posibilidades: o ambos sanan usando la experiencia ganada por esas heridas o son justamente estas heridas y la incapacidad para sanarlas, lo que los fuerza a repetir la historia y separarse.

Encontrarse en estas condiciones es una oportunidad para que puedan ver temas pendientes de solución y trabajar para sanar. Si no utilizamos las relaciones para analizar lo que ocurre con nosotros, no podremos evolucionar o retrasaremos nuestra evolución.

El otro es una oportunidad para encontrarnos

Cuando estamos frente a una situación de esta índole, en realidad se nos ha presentado una oportunidad para preguntarnos ¿qué de lo que no toleramos del otro existe en nosotros?, o ¿Para qué vivimos esta experiencia junto a esta persona? ¿Qué debemos aprender?.

Las personas con las que coincidimos son una oportunidad para poder ver la luz o la oscuridad que vive dentro de nosotros y que somos incapaces de ver por nuestra cuenta.

Toda relación nos sirve de espejo, de modo que si nos relacionamos con alguien que no valora lo que le damos, es un reflejo de que nosotros no nos damos el valor que merecemos; por otro lado, si la otra persona es demasiado permisiva o abnegada a nosotros  y esto nos molesta, entonces nos daremos cuenta de que existen ocasiones en las que nosotros nos hemos comportado de esa manera también y hemos recibido el rechazo de otros por ello.

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