Relaciones líquidas como el agua.

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AMOR LIQUIDO RELACIONES LIQUIDAS

Si nos detenemos a pensar acerca de las relaciones humanas hoy en día, podemos notar rápidamente que se caracterizan por una especie de fugacidad e incluso superficialidad. Echemos un vistazo a los cada vez más escasos matrimonios. ¿Cuánto tiempo poseen como máximo en duración? 2 años, 4, tal vez 8. ¿Las relaciones laborales? ¿Imaginas 10 años o más trabajando en la misma empresa? ¿Cuánto tiempo pasamos con nuestros familiares? Incluso nuestra relación con los objetos, ¿después de cuánto tiempo decides adquirir un equipo nuevo?

Pues para denominar esta fragilidad en los vínculos de nuestras relaciones, el sociólogo Zygmunt Bauman utiliza el término de relaciones líquidas o amor “líquido”.

El concepto de las relaciones líquidas

Bauman clasifica a esta época como aquella en la que las relaciones de las distintas esferas de la vida poseen características semejantes a los líquidos. ¿Cómo? Si, a los líquidos. Características como la inestabilidad, la escasez de consistencia y la falta de calidez se encuentran presentes en nuestras relaciones y nos diferencian de aquellas presentes en el pasado, etapa que se caracterizaba por su solidez.

Esos tiempos, de los que tanto nos hablan nuestros padres y abuelos, se caracterizaba por ser estructurado, de fácil pronóstico y estable. En cambio, hoy el cambio y la incertidumbre es nuestro ambiente natural, incluso a veces llegando a dejarnos una sensación de vivir en una situación caótica.

Así pues, varios aspectos de nuestras vidas han cambiado desde la transición de la época sólida a la líquida.

En el área laboral y profesional.

Cuando pensamos en la vida laboral de no necesariamente nuestros abuelos, si no de nuestros padres, nos podemos dar cuenta de que ellos encontraban un empleo y se mantenían en esta empresa durante tiempos prolongados de hasta 35 a 40 años hasta llegar a su jubilación.

En cambio, en esta época las relaciones de trabajo son volubles. Existen contratos “Por proyecto” teniendo una duración de pocos meses. Estos acuerdos laborales poseen características que faciliten el fácil despido de parte de los empleadores si identifican un lento aprendizaje o producción o si es lo que más se acomoda a los intereses de la empresa. Además, incluso por parte de cada vez más reclutadores el permanecer en una empresa durante una cantidad de tiempo prolongado es relacionado con un indicador de falta de búsqueda de superación.

Por parte de los trabajadores, no existe la expectativa de conseguir un puesto de trabajo y permanecer en esta misma empresa durante todo el tiempo que compete a su vida laboral. Permanecer en el mismo lugar se torna poco motivador, existe una constante búsqueda de nuevas experiencias que simbolicen un reto profesional, además de no tolerar los roces naturales que se suscitan en las relaciones laborales cuando son duraderas en el tiempo.

También respecto a la elección de una profesión, el cambio es una característica bastante presente. Una persona puede trabajar como administrador durante un tiempo, luego decidir formarse y trabajar Chef, luego trabajar Fotógrafo o luego como cantante de un género urbano.

Consumo

En la actualidad nos esforzamos por conseguir bienes materiales que no sólo están destinados a cumplir alguna función importante o que nos faciliten algún aspecto de nuestra vida. Muchas veces también lo hacemos por seguir una tendencia, por estatus o por el atractivo que podemos adquirir cuando lo tenemos en nuestro poder. Adquirimos por ejemplo un nuevo auto, prenda de vestir o equipo celular no sólo porque ya no cumpla a cabalidad sus funciones o porque presente algún desgaste. Adquirimos o reemplazamos productos con rapidez, porque deseamos ser reconocidos como individuos que se mantienen actualizados.

¿Nuestra personalidad?

Si, el hecho de quienes somos nosotros también es cambiante. En la época líquida hoy podemos ser una persona distinta a la que fuimos el mes pasado. Como dice la canción del Cuarteto de Nos: “Ya fui ético, y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático ya fui abúlico, fui metódico, ya fui púdico y fui caótico”. Nuestra ideología, valores y metas cambian radicalmente y de manera constante. Cambiamos, cambiamos y lo hacemos frecuentemente. ¿Cuándo pararemos? La pregunta tal vez no debería ser ¿quiénes somos? si no, ¿Terminaremos algún día de definirnos? En este tiempo parece que lo seguro es que nuestra personalidad es siempre, siempre variable y cada vez se hace más difícil saber quienes somos.

Relaciones de pareja.

En este tiempo hemos hecho realidad el deseo de Roberto Carlos. Tenemos un millón de amigos en Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat y demás, sin embargo, muchas de estas relaciones solo consisten en un me gusta en nuestras publicaciones, un breve texto en un chat o una visualización. Queramos o no, muchas de nuestras relaciones carecen de constancia, durabilidad, solidez y calidez de una verdadera relación.

En cuanto a relaciones de pareja o amorosas, ¿Qué pasa con las relaciones amorosas en tiempos en los que puedes utilizar una app y acordar un encuentro fugaz con alguien cuya foto de perfil te gustó?

Intimar con una persona sin necesidad de establecer ningún tipo de vínculo es la tendencia. La defensa a rajatabla de la individualidad y la “libertad” es la consigna principal de hoy y aquellas relaciones que simbolizan la posibilidad de mayor cohesión o compromiso se convierten en una especie de peligro, un hecho que despierta señales de alarma y temor, algo que evitar o de lo cual defenderse. El consumo sin límites dirigido hacia los objetos a ampliado su dirección y ahora también es viable con los seres humanos.

Bauman identificó que existe una mercantilización que se expande a más de una esfera de la vida. Así pues, un ser humano, con toda su historia, virtudes, aspectos de mejora y sentimientos es cada vez más vista como una especie de objeto al cual se puede utilizar para satisfacer necesidades de distinta índole y que, ante la más mínima falla es descartado para empezar la búsqueda de otro humano disponible.

Queremos compañía y afecto pero sin tener que asumir compromisos, compartir, dejarnos conocer, confiar, perder esa “libertad”.

Reflexionemos.

Si bien, todos los cambios en esta vida traen consigo pros y contras, por ejemplo: El hecho de que actualmente esta posibilidad de disolver vínculos esté presente, permita que quienes se encuentran en una relación tóxica puedan salir de ella sin el peso y dificultad que si habría estado presente en el pasado; es necesario detenerse a observar del camino por el que vamos y cuáles son los resultados.

Lo que tenemos hoy es tal vez un intento de resolver los resultados del estilo de relaciones que se tuvo en el pasado, pero debemos también poner un límite, cuestionarnos y elegir que sería útil mantener de ambas épocas. Tal vez debamos regular el consumismo, fomentar relaciones con mayor compromiso, recordarnos que somos seres humanos, no objetos, con el fin de detener la angustia y ambiguedad en la que vivimos.

¿Habías reflexionado sobre esto? ¿Qué crees que debemos mantener y qué cambiar? Para ti cuáles son los pros y contras? ¿Qué harías para incidir y lograr un cambio?

 

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