¿Cómo establecer límites a los hijos?

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cómo establecer límites a los hijos

Establecer límites a los hijos es esencial al momento de educar a los niños y muchas veces puede ser muy complicado para los padres, especialmente al momento de evitar las amenazas, sermones, culpabilizar, avergonzar, atemorizar o los sobornos. Estás son algunas de las acciones que muchos padres realizan pensando que son limites, pero no los son.

Poner límites a los hijos significa tener una guía para el comportamiento, ya que les enseña las conductas apropiadas y les brinda oportunidades para mejorar algunas de sus habilidades. Aunque a veces sea difícil educar a un hijo durante la infancia se puede hacer no es imposible y el hecho de establecer límites ahora, le ayudará a evitar problemas mayores en el futuro.

¿Qué son los límites?

Los límites nos estructuran como personas, conforman nuestra identidad, definiendo nuestra forma de ser ante todos. Siendo como una barrera ante la cual el niño se detiene, algo que le indica hasta donde puede llegar. Es una forma de decirle “hasta aquí”.

Los padres establecen límites a los hijos de acuerdo a su educación, valores, costumbres y según el sentido común de la familia, incluso de su cultura. Los padres son los encargados de poner las reglas para el funcionamiento en casa y de ahí surgen. Los esenciales y básicos son los que están en función de la seguridad y desarrollo del niño.

¿Cómo deben ser los límites?

Es importante que antes de establecer los límites a los hijos nos preguntemos ¿Qué límites necesitan los hijos para su crecimiento y desarrollo óptimo?, ya que sera útil al momento de poner los límites y como lo vamos hacer.

Si estos son adecuados le van a servir al niño para desarrollarse mejor, en cambio si son reglas establecidas para la comodidad de los padres, digamos para salir del paso seguro los va rechazar. Basados en el libro de “¿Cómo poner límites a tus hijos sin dañarlos?” de Esther Murow Troice y Angélica Verduzco Álvarez Icaza, vamos a citar como deben ser los límites:

En los límites importa más la firmeza y la coherencia

Que la intensidad o la fuerza con que lo ponemos esto se confunde a poner limites desde los gritos o enojo. Establecerlos significa decir hasta donde va a llegar el niño, pero hay que señalarlos muchas veces para que los aprenda, y en ocasiones incluso debemos poner una consecuencia si no los respeta.

Poner límites es un trabajo constante.

No basta con ponerlos una sola vez, tenemos que insistir en ellos y recordarlos todos los días de la misma manera.

Deben ir cambiando de acuerdo con la edad del niño.

No es lo mismo tratar de establecer hábitos en un niño de preescolar, que poner consecuencias por no hacer la tarea a un niño de edad escolar, o reglas para la hora de llegar a un adolescente. Los límites tienen que cambiar con la etapa de desarrollo del niño y con sus necesidades, sin olvidar los objetivos de la educación que ha definido su familia.

Debemos jerarquizar su importancia.

La importancia la definen los objetivos de la educación y la etapa de desarrollo, aunque la forma de reforzarlos cambia con la edad del niño. Así, los límites en preescolar son diferentes que los de otras etapas, pero existen otros que siempre son importantes, como por ejemplo los que se refieren a la seguridad o al respeto.

No tienen que ser imponente.

Podemos inventar situaciones para hacerlos más divertidos, desde el humor y con juegos sobre todo con los niños de preescolar.

Debemos ponerlos por anticipado.

Cuándo ponemos límites es indispensable saber primero cuáles vamos a poner y posteriormente cómo lo vamos a hacer. Al niño le debemos decir de antemano qué queremos y sobre todo, nunca pedirle algo que no puede cumplir.

¿Por qué es importante establecer límites en tus hijos?

Los límites son importantes para poder guiar el comportamiento de los hijos, ya que necesitan una estructura sólida a la que aferrarse, un modelo de conducta adecuado para seguir y orientarse. También, para protegerse de los peligros y riesgos.

Los niños necesitan saber hasta donde pueden ir en su conducta porque de lo contrario podrían convertirse en niños tiranos. Además la ausencia de límites podría potenciar la  pasividad y la apatía en el niño. Los límites enseñan a los niños a la autodisciplina, buscando que aprendan a manejar todas sus responsabilidades, como la tarea, las tareas y el cuidado de sus cuerpos, sin recordatorios.

Asimismo, Establecer los límites a los hijos los enseñan a cómo mantenerse seguros y saludables, dado que la mayoría de los niños son impulsivos y disfrutan de una gratificación inmediata. Por lo tanto, necesitan adultos que les enseñen cómo estar saludables. Los límites ayudan a los niños a lidiar con sentimientos y tener mayor control sobre sus emociones.

¿Cómo establecer límites en tus hijos?

1. El límite debe ser importante para la persona que lo pone

Esta es la base para para iniciar ya que debemos tomar en cuenta, en qué momento decidimos qué límites vamos a poner y tiene que ser importante para dedicarle tiempo y esfuerzo. Si los límites que se establecen no se hacen constantes ni le damos importancia no se van a cumplir y el niño puede captar que no es tan fundamental y que veces se puede cumplir y otras no.  Por lo tanto sólo hay que poner reglas que sean importantes para nosotros.

2. Los límites deben ser claros

Deben centrarse en la conducta y ser presentados de manera positiva. Si damos demasiadas explicaciones perdemos el objetivo de lo que queremos decir. Mientras más pequeños sean los niños más cortos deben ser los mensajes. Cuando crezcan podremos discutir las reglas con ellos.

Los límites deben apoyar lo que decimos con acciones es decir, cuando le decimos a un niño pequeño que no tire la comida en la mesa, pero al mismo tiempo nos hace mucha gracia y nos reímos, la acción y las palabras no coinciden y el mensaje se pierde porque el pequeño responde a la acción y no a las palabras.

3. El límite debe expresarse por anticipado

Cuando las reglas del juego están claras y son conocidas con anticipación por el niño él sabrá cómo comportarse. Si ponemos un límite cuando ya pasó la acción inadecuada entonces no lo es, y por lo tanto no funciona.

4. La persona que pone el límite debe estar segura de que el niño entendió el mensaje.

Con frecuencia damos por hecho que cuando expresamos un mensaje el niño entiende automáticamente lo que esperamos de él. Esto no siempre es cierto, sobre todo si las instrucciones son poco específicas.

Para estar seguros de que el niño comprendió el mensaje tenemos  que pedirle que repita lo que captó y diga qué es lo que puede o no hacer. Entre más pequeño debemos darle mensajes más cortos y concretos y preguntarle qué entendió.

5. Los límites deben marcarse con afecto

Para poner un límite necesitamos afecto y utilizar el tono de voz normal. Esto lo conseguimos si expresamos la regla por anticipado, así evitamos el enojo. Si ponemos un límite cuando estamos fuera de control es muy probable que éste sea inadecuado y desproporcionado y que, por lo tanto, no se pueda cumplir. Los gritos y los enojos a veces funcionan por el temor, pero a la larga pierden su efectividad.

6. Al establecer los límites hay que presentar alternativas

De esta forma quitamos la dureza aparente o la forma impositiva de los límites firmes sin renunciar a ellos, simplemente damos opciones relacionadas a la manera en que el niño los puede cumplir. De esta forma le ayudamos a tomar decisiones y a asumir la responsabilidad de sus acciones.

Las alternativas tienen que ir cambiando con la edad y en general no son abiertas, se dan únicamente dos o tres porque si son demasiadas los niños se confunden y no pueden decidir.

7. Deben ser firmes

Para que los límites funcionen deben reforzarse constantemente y de manera firme. Ningún límite se cumple la primera vez que lo ponemos. Hay que repetir los límites hasta que los conceptos o el comportamiento formen parte de la vida diaria del niño y se vuelvan automáticos. Nada se consigue de la noche a la mañana. Después de aprender hay que practicar, lo mismo sucede con los límites.

8. Especificar las consecuencias

En la vida diaria las acciones siempre tienen algún efecto, ya sea positivo o negativo. Cuando ponemos límites firmes debemos establecer las consecuencias por anticipado, al mismo tiempo que ponemos la regla. Su objetivo es que ayuden al niño a comprender el efecto que tienen sus acciones en el mundo que lo rodea.

No se trata de castigar sino de poner las cosas en su estado natural o de volver a poner en orden lo que está mal. Si el pequeño pierde la pelota de su amigo la tiene que reponerla. Las consecuencias deben ser del mismo tipo que la falta que se comete y al igual que en el caso de los límites, es importante ser consistente con ellas

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