Validar nuestras emociones para crecer

0
149
VALIDAR ACEPTAR EMOCIONES

Luego de la correspondiente presentación, Andrea se acomodó en el sofá frente a mí y finalmente dijo: Vengo a consulta porque no sé qué es lo que siento. Es decir, cuando me ocurre algo negativo, no puedo llorar o me enojarme… siento un malestar, pero no puedo reconocer exactamente qué emoción es y sea la que sea, se me hace muy difícil expresarla. ¿Sabes? creo que he pasado tanto tiempo haciendo como si no me pasara nada malo cuando sentía de todo y me he ignorado tanto que ahora ya no sé qué es lo que siento.

Algo que llama poderosamente la atención a los profesionales de la salud mental es que relatos como éste es cada vez más común durante consulta, entonces nos empezamos a preguntar a qué se debe éste fenómeno y empezamos a tratar de entenderlo al observar lo que ocurre a nuestro alrededor.

¿Existen las emociones negativas?

Sin duda, la “alegría” es la emoción más mostrada y avivada en nuestra sociedad. Una de nuestras más grandes metas es ser felices y divertidos siempre y no es para menos, todos queremos ser felices. Hacemos lo que hacemos con el fin de conseguir nuestra felicidad, vemos como sinónimo de “estar bien” al hecho de solo experimentar felicidad. ¿Qué pasa cuando consideramos a todas las emociones distintas ésta como algo negativo, hasta el punto de querer negarlas, ignorarlas o esconderlas?

¿Es posible no sentirlas? ¿Tiene algo de positivo o necesario permitirnos sentir estas otras emociones que hemos clasificado como negativas? y ¿Qué consecuencias tiene hacer esto?

Primero es necesario recordar lo siguiente: Las emociones son innatas. Nacemos y con nosotros nacen nuestras emociones. Antes de ser racionales, somos seres emocionales (o afectivos). Las emociones siempre están presentes, son parte de nuestra naturaleza.

Por lo tanto, la respuesta es no, no podemos evitar sentirlas, siempre están ahí.

Ahora, ¿Cuáles son estas emociones y para qué sirven? Pues, las emociones básicas de todo ser humano son:

Alegría:

Esta emoción es una especie de recompensa cuando hacemos algo que es considerado bueno para nosotros y para los demás y nos motiva a repetir determinadas conductas o acciones y nos mantiene optimistas y llenos de energía.

Asco (o disgusto):

Esta emoción está ligada a los gustos y al cuidado personal. Gracias a ésta, por ejemplo, evitamos ingerir algo que se encuentre en mal estado o a cuidar de nuestra higiene y así mismo determina qué clase de vestimenta, música, etc. preferimos.

Miedo:

Es una especie de señal de alarma innata. Muy importante para garantizar nuestra supervivencia. Si no sintiésemos miedo, no podríamos ponernos límites y reconocer lo que podría ser seguro o peligroso para nosotros.

Ira:

Es aquella que aparece cuando sentimos que alguien ataca nuestros derechos, cuando no respetan nuestros límites. Se suele clasificar a esta emoción como negativa, pero muchas veces es la que nos impulsa a actuar para defendernos o defender a otros ante algo injusto. Esta valiosa emoción es nuestra defensora en muchas ocasiones.

Tristeza:

En contraste respecto a la “alegría”, la tristeza es una de las emociones que más se desea evitar a toda costa. Se la reconoce como señal de debilidad. Es aquella que cuando aparece motiva un “no llores”, “No estés triste”, se dice que es mejor no mostrarla, no la queremos presente. Sin embargo, la realidad es que es muy importante, es la que hace posible nuestro crecimiento personal. Esta preciosa emoción motiva el diálogo con nosotros mismos, nos permite detenernos un momento, dejar de correr, acelerados por el mundo tan veloz en el que vivimos para sentirnos, para aprender, para descubrir recursos que no sabíamos que teníamos, para cerrar etapas. También para motivar un cambio o para comunicar la necesidad de que éste cambio se dé.

Entonces, aquí nos damos cuenta de que si, permitirnos sentir estas emociones es positivo y necesario para nuestra vida y bienestar.

El tratar de negarlas o ignorarlas cuando aparecen tiene como consecuencia a largo plazo: La desconexión de nuestras emociones, empezamos a experimentar la pérdida de nuestra capacidad para regularlas, de modo que cuando éstas finalmente “salen” son demasiado intensas y suelen causarnos estragos o sólo pueden ser expresadas cuando llegamos a una situación límite. Nos anulamos a nosotros mismos y al final nos quedamos con la sensación de no saber qué es lo que sentimos.

Al forzarnos a tratar de no sentir, se dificulta el desarrollo de nuestra madurez e inteligencia emocional. Perdemos la capacidad para poder identificar cada una de nuestras emociones, obtenemos como resultado una sensación de confusión y vivimos con un permanente malestar que no sabemos cómo empezó ni cómo podemos resolver.

Al contrario de lo que esperábamos que pasara, no logramos calmar las emociones, sólo las mantuvimos más tiempo con nosotros y ahora se hallan alojadas y buscan alguna manera de “salir”.

La capacidad para comunicar o expresar emociones se reduce así como la capacidad de empatía, ya que al no reconocer las emociones en nosotros, experimentaremos mayor dificultad para reconocerlas en otros y ponernos en su lugar.

Para salir de ésta problemática, debemos validar nuestras emociones, es decir todas nuestras emociones.

Validar las emociones consiste en: Reconocer lo que sentimos y permitirnos sentirlo. Recordar que tenemos el derecho de sentir y de mostrar todas las emociones en lugar de reprimirlas por la creencia de que debemos siempre ser felices, eso no es real.

Una vez que nos hemos tomado un tiempo para conocer un poco más acerca de nuestras emociones, es importante buscar un momento para hablar de esto que nos ocurre con amistades, familiares o personas de nuestra entera confianza, aquellas que sepamos que poseen la empatía suficiente para escucharnos. Si te es posible y estás dispuesto a ello, puedes acudir a un profesional de la salud mental para juntos, comprender más acerca de lo que está ocurriendo, entender también que otras variables existen, muchas veces, esto no sólo ocurre motivado por mecanismos de defensa que nosotros decidimos usar porque si, a veces esto ocurre porque vivimos en un contexto donde nos han enseñado que es mejor no demostrar esas otras emociones por distintos motivos y la ayuda de un profesional puede ayudarnos a tener una mejor comprensión y desarrollar mayores recursos de afrontamiento.

Ahora, algo que podemos empezar a hacer en este camino de reencontrarnos con nuestras emociones es emplear algunas técnicas de validación emocional. Una técnica muy buena que nos puede ayudar mucho es cambiar las frases que nos decimos y decimos a otros.

Aquí un ejemplo:

«No llores» – Llora si lo necesitas.

«No deberías sentirte así» – Te entiendo yo también me habría podido sentir igual

o No es la gran cosa, he pasado por cosas peores – Por supuesto que te puedes sentir así.

Ser empáticos con nosotros mismos, permitirnos sentir y expresar nuestras emociones hará posible que crecer. Recuerda, somos más humanos cuando nos permitimos sentir nuestras emociones y todas tienen un propósito para nosotros.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here